Realizar sesiones con bebés resulta toda una odisea, porque nunca sabes lo que va a ocurrir; a veces el pequeño no para de dormir, otras no para de querer comer y no nos da ocasión a retratarlo cómo es y en otras veces tenemos un auténtico príncipe con cara de Ángel que te invita a pasarte horas contemplándolo. Eso fue lo que ocurrió con Enrique, un bebé de cinco meses, el mejor regalo para sus padres, que nos contagió a todos de dulzura y empapó mi alma de melancolía al recordar cómo fueron mis hijas de bebés… Qué rápido pasa el tiempo, y cuándo observas este tipo de instantáneas deseas volver el tiempo atrás para volver a comértelos a besos.

Sus padres deseaban realizar algunas fotografías de temática Navideña dada la fecha en la que estamos, y otras con ropita normal.

Mil gracias a sus padres por confiar en mí para retratar a su pequeño, 

Un abrazo pareja!!

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