Samuel es un hombrecillo seductor en potencia, sus miradas y picardía fueron aplastantes. Lo más divertido de la sesión era mirar desde el rabillo de mi cámara las caritas de su madre; mientras Samuel no cesaba en posar como un auténtico chaval de 18 años, su madre al igual que yo, nos destornillábamos de la risa y pánico nos daba pensar en cómo será cuándo sea mayor. Aunque para mí, las mejores instantáneas fueron las que realizamos con su hermana, sus miradas eran de un amor tan puro que no existe una descripción digna para expresarlo. Un cielo de niño y una sesión sencilla pero muy divertida.


Gracias mil a sus padres por cedernos estas instantáneas de la temporada de Comuniones 2013.

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